La vida con un auto eléctrico: ventajas de conducir un celular gigante que no contamina

Pasar de un vehículo convencional a uno eléctrico no es no sólo un cambio de lugar de repostaje: es todo un cambio de mentalidad que ayuda al medio ambiente y te lleva a ver las cosas de otra forma. Piensen que un auto eléctrico es más bien como un celular gigante.

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Tener un auto eléctrico no es como tener un vehículo que tiene batería en lugar de depósito de gasolina, es como tener un celular gigante con ruedas.

Somos muchos millones quienes pensamos en cómo podemos cambiar nuestro día a día para ser más respetuosos con el medio ambiente y ayudar en la lucha del cambio climático. Y, eventualmente, muchos de nosotros acabaremos usando un auto eléctrico a medida que los muy contaminantes motores de combustión quedan desfasados. No es nuevo escuchar cómo puede afectar la actividad económica, pero también conviene que sepamos de qué modo esto va a afectar a nuestra vida.

La producción de vehículos eléctricos se ha disparado en años recientes, y un 5% de todos los autos vendidos en 2020 fueron eléctricos. En un artículo reciente de la BBC, se compara con la explosión del Internet en la década de 1990, citando estimaciones del banco suizo UBS, que anticipa que en 2025 un 20% de todos los autos nuevos vendidos en el mundo serán eléctricos, y en 2030 lo serán un 40%. En 2040, prácticamente todos los nuevos autos que se vendan serán eléctricos, ya que la producción de vehículos con motor de explosión en países desarrollados puede acabar en 2035.

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Generalmente, se ve la llegada masiva de estos vehículos a nuestra región como algo muy lejano. Aunque los costes de los vehículos eléctricos siguen bajando continuamente, aún no están al alcance de muchos. Pero lo estarán muy pronto, y entonces vamos a ver efectos que se centran en la economía y las infraestructuras de la sociedad.

Por ejemplo, hace unos años, durante una visita a Chile, estuve hablando con unos taxistas sobre el cambio a vehículos eléctricos y lo que les echaba atrás era el cambio de paradigma que supone: los taxistas, o los repartidores, están acostumbrados a lidiar con los problemas inherentes del motor de combustión, pero el mundo del vehículo eléctrico es algo nuevo. Hasta el punto de que el consumo de energía depende de si es verano o invierno, puesto que cuando hace frío la autonomía del vehículo eléctrico se reduce, algo que hay que tener en cuenta.

Otro problema es el mantenimiento de los puntos de recarga. En un supermercado cerca de mi domicilio, pusieron cuatro puntos de carga hace un tiempo, pero nadie se ha ocupado de mantenerlos, y ya no marchan. Está bien que las empresas de vehículos o las compañías de servicios, como los supermercados, pongan puntos de carga para facilitar la vida a todo el mundo. Pero también hay que mantenerlos.

Aunque hay ciertas dificultades típicas de los cambios de modelos, esto no es el futuro. Esto es el presente. De hecho, es mi realidad como “pionera” del auto eléctrico, después de haber comprado recientemente un modelo Tesla. Lo que les puedo contar es que esto es no sólo un cambio de lugar de repostaje: es todo un cambio de mentalidad que te lleva a ver las cosas de otra forma.

Pongamos la comparación entre el auto eléctrico y el celular: hace muchos años, cuando no tenía teléfono móvil, no me preocupaba de cargar el teléfono de mi casa. El teléfono estaba enchufado y, cuando la gente llamaba, respondía; ahora, todos los días o noches he de cargar el móvil para que no se quede sin batería, lo que se ha convertido en un ritual en torno al cual, hasta cierto punto, una ha de organizar su rutina.

Lo mismo ocurre con un auto eléctrico. No es algo que una cargue de combustible una o dos veces al mes. Es algo que hay que enchufar continuamente para que la batería no te deje tirado en cualquier sitio (lo que ya me ocurrió una vez). Es una tarea adicional que hay que hacer cada día. Una estaría tentada de decir que es un sacrificio: pero no lo es, porque tampoco es un sacrificio cargar el móvil. A cambio de cargarlo, el móvil me da ventajas infinitas que antes no tenía con un teléfono móvil, y algo similar ocurre con un coche eléctrico.

Más allá del efecto beneficioso sobre el medio ambiente y la falta de emisiones contaminantes, un auto eléctrico tiene capacidades de las que, por su naturaleza, carece un vehículo convencional. Es literalmente un computador sobre ruedas con todas las ventajas que ello conlleva y, cuando hay algún problema, se reinicia como si fuera un computador.

Lo más importante es que, así como hoy las generaciones millennials y las posteriores no se imaginan lo que era tener un teléfono fijo enchufado en la casa, ese cambio de cultura se dará en un abrir y cerrar de ojos, como cuando veo jugar a mi hijo con autos y me cuenta que antes de salir tiene que cargar la batería.

El vehículo eléctrico es algo que va a seguir cambiándonos la vida, de un modo u otro, dentro o fuera de América Latina y el Caribe, y sus impactos van a ser de creciente importancia. Pero para nuestros hijos esa vida será la única que conocerán. Hay que estar preparados.

 

 

 

 

 

Autores

Hilen Meirovich

Hilen lidera el equipo de Servicios de Asesoría en Cambio Climático de BID Invest, adonde ingresó en 2017. Es responsable de desarrollar estrategia

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