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Un salvavidas para los agronegocios: la cláusula de resiliencia financiera

Expuestos a fenómenos como El Niño, los agronegocios en América Latina y el Caribe requieren protecciones desde el sistema financiero. Una herramienta es la cláusula de resiliencia financiera, desarrollada ante la realidad del cambio climático y el desafío de diversos desastres naturales.

Un salvavidas para los agronegocios: la cláusula de resiliencia financiera

Los agronegocios son especialmente vulnerables al cambio climático. Una variación brusca de las condiciones ambientales inherentes a la operación puede truncarlos, sobre todo si no se han implementado con la debida antelación los medios necesarios para mitigar su impacto.

América Latina y el Caribe es una región muy expuesta a los riesgos derivados del clima. Los devastadores efectos de fenómenos como El Niño (oscilaciones de la temperatura, lluvias torrenciales, granizo, vientos huracanados) se han llevado por delante empresas que no estaban preparadas adecuadamente para las exigencias de las circunstancias.

La existencia de esos eventos climáticos constituye, además, un factor disuasorio para los emprendedores y potenciales inversionistas, lo cual explica las dificultades con que a veces se encuentran las empresas de agronegocios en la búsqueda de recursos para desarrollar sus proyectos.

Con el objetivo de preparar sus negocios frente a las manifestaciones adversas de la naturaleza se han creado diversos instrumentos a lo largo de los últimos años, entre los que destaca uno denominado, precisamente, la “cláusula del Fenómeno del Niño”.

Está cláusula tuvo su origen en la imperiosa necesidad del sector pesquero peruano de mitigar las dramáticas consecuencias que el calentamiento de las aguas tiene sobre algunas especies marinas en el océano Pacífico, y se ha convertido ya en un estándar dentro de los mercados locales en varios países de la región.

Su mecánica es muy sencilla. Consiste en permitir a las empresas reprogramar los pagos de capital de la deuda del periodo en el cual la operación se ve afectada (como resultado de la ocurrencia de un evento climático que tenga efectos adversos en la capacidad de pago de la deuda), de modo que la operación de la empresa pueda recuperarse y vuelva a la normalidad.


La cláusula de resiliencia financiera, como es natural, supone un incentivo para las empresas, que cuentan así con un nuevo motivo para conducirse de forma responsable entendiendo muy bien la materialidad de los eventos que potencialmente pueden afectarles, teniendo en cuenta, además, que generalmente la cláusula puede activarse un número limitado de oportunidades a lo largo de la vida del préstamo.

BID Invest no deja solos a sus clientes en la tarea de entender y mitigar los efectos adversos del cambio climático, sino que pone a su disposición la asistencia técnica que incluyen modelajes, estudios de factibilidad de alternativas, y planes de manejo de riesgos, que puedan necesitar para combatir los impactos climáticos, que es en el fondo lo que significa la resiliencia.

Valgan como ejemplo de esa ayuda los protocolos para el aislamiento del pernicioso hongo del banano, de reciente llegada a la región, o los análisis de disponibilidad hídrica futura en cuencas donde están nuestros clientes cuyos resultados pueden impactar la productividad futura de la empresa como de las comunidades adyacentes.

Para que la ayuda tenga las máximas garantías, BID Invest se apoya en sus expertos en agronegocios y en los centros de investigación más prestigiosos en la materia, tanto de los países de América Latina y el Caribe como de Estados Unidos. Por todo ello, la cláusula de resiliencia financiera constituye un auténtico salvavidas para las empresas de agronegocios expuestas a desastres climáticos que ya trabajan con nosotros y para aquellas que deseen hacerlo en el futuro considerando que tendrán a su disposición una herramienta diseñada a la medida de sus necesidades.■

Escrito por

Carlos Narváez

Carlos Narváez es oficial líder de inversiones en agronegocios en BID Invest. Es especialista en la estructuración de soluciones financieras, sostenibilidad e impacto. Tiene experiencia profesional en desarrollo y ejecución de negocios de alto perfil en el sector de agronegocios en países como México, Argentina, Brasil, Colombia, Ecuador, Perú, Bolivia y Venezuela. Además de su experiencia en el grupo BID, Carlos trabajó en la CAF, el Banco Santander y en el BBVA ocupando diversos cargos en el sector de financiamiento de proyectos y banca de inversión. Cuenta con una maestría en finanzas por el IESA, y un título de economista por la Universidad Central de Venezuela.

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