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Autopistas digitales y la semejanza con las autopistas de transporte

Una mala infraestructura de banda ancha es como transitar por un camino de tierra. La disrupción tecnológica que estamos viviendo es algo sin precedentes. Cuando lo comparamos con lo que fue la revolución industrial, y el enorme impacto que tiene en el producto interno bruto (PIB) per cápita, podemos afirmar con total certeza que esta revolución digital lo está cambiando todo, desde el orden económico, empresarial, social, e incluso la política. Con justa razón lo denominamos la cuarta revolución industrial 4.0.

Autopistas digitales y la semejanza con las autopistas de transporte

Esta explosión de tecnología se da en el contexto del mundo de los datos. Datos que solo podrían moverse con la infraestructura necesaria de redes digitales. Así como en cualquier proyecto tradicional de infraestructura de carretera, sin rutas que permitan la movilidad de los camiones, buses, automóviles, estos no podrían conectar destinos, comercios y vidas. En el mundo de la tecnología, los datos serían medios de movilidad similares a los automóviles, y las redes serían las autopistas digitales o rutas disponibles en un país, que está directamente determinado por su marco regulatorio y por las inversiones de capital de los operadores de telefonía móvil o satelital que hacen en dicho país.

Para poner en perspectiva la importancia de la autopista digital, y utilizando el ejemplo de Jose Maria Alvarez-Pallete, CEO de Telefónica España:

“Al teléfono fijo le costó 75 años alcanzar los 100 millones de usuarios, y a Pokémon Go le ha costado 23 días. ¿Por qué? Porque si las redes están digitalizadas, la capacidad de distribuir un producto digital es inmensa”.

Para que empresas como YouTube, Airbnb, Netflix y Uber —por citar algunos— puedan ofrecer sus servicios y conectar datos, informaciones, servicios y productos, es vital contar e invertir en una adecuada autopista digital.

Los datos provenientes de estas autopistas digitales sin duda tienen el potencial de mejorar vidas y Jose Maria Alvarez-Pallete, lo resume de la siguiente manera:

“La vida analógica se fusionará con la digital. El estilo de compras, como se conducirá, los contadores de gas, agua, electricidad, el microondas, la nevera, el lavavajillas. Todo va a estar conectado a Internet y emitiendo información”.

De ahí, la necesidad de contar con autopistas digitales que permitan procesar esa cantidad exponencial de datos. Para asegurar los efectos positivos de la economía digital del siglo XXI, construir e invertir en esas autopistas digitales debe ser la priori­dad para el desarrollo económico y la inclusión social en América Latina y el Caribe. BID Invest ha invertido y seguirá invirtiendo en la región en proyectos que ayuden a expandir la autopista digital, porque sabemos que una penetración del 10% en banda ancha, tiene un impacto económico promedio del 2-3% en el PIB y de 2,6% en la productividad.

Escrito por

Edgar L. Cabañas

Edgar es un profesional experimentado en el campo de la estructuración de finanzas corporativas, garantías de crédito, financiamiento de la cadena de suministro, inversiones de capital y financiamiento de proyectos. Lidera equipos de proyectos de inversión dentro de la Economía Digital en la Corporación Interamericana de Inversiones (BID Invest). En 2014, recibió el prestigioso premio BID Ortiz Mena del Banco Interamericano de Desarrollo por mejorar la eficiencia y las soluciones corporativas del Banco a través de un innovador producto de financiamiento a largo plazo en moneda local y en 2019 y 2020 el LatinFinance Social Infrastructure Deal of the year y el IJ Global Telecom del año respectivamente por la operación de Internet Para Todos (Perú). Con sólida experiencia en liderar un grupo diverso de profesionales, gestión de relaciones con clientes, desarrollo de negocios, estructuración y gestión de transacciones financieras complejas multimillonarias en América Latina en sectores industriales como cemento, agroindustria, pulpa y papel, textil y telecomunicaciones. Antes de BID Invest, ocupó varios cargos en el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), incluidos Asesor del Director Ejecutivo para Uruguay, Bolivia y Paraguay, Director Ejecutivo Suplente en el Fondo Multilateral de Inversiones, Coordinador de País del Sector Privado y Senior Oficial de Inversiones del Banco Interamericano de Desarrollo. Antes de unirse al Grupo BID, trabajó como Gerente de Relaciones Corporativas y Jefe de la Unidad de Gestión de Activos bajo Estrés en Citigroup. Tiene un MBA y un MPA de la Universidad Americana de Paraguay y la Universidad Estatal de Kansas, incluidos estudios de posgrado en resolución de conflictos y maestría en negociación en la Universidad de Georgetown y la Universidad de Harvard, respectivamente.

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