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Maximiliano Bello: "Si no extrajéramos al pez del mar, ¿cuál podría ser su valor?”

¿Puede haber un manejo sostenible de los océanos? ¿Cómo involucrar al sector privado en estos esfuerzos? ¿Qué rol deben jugar las instituciones multilaterales? Estas son algunas de las inquietudes que aborda Maximiliano Bello, experto en políticas internacionales sobre océanos, en entrevista con Silvia Dangond Gibsone, de BID Invest.  

A scuba diver swims along a sea turtle

La conservación, la preservación, la mitigación y las soluciones basadas en la naturaleza para el manejo sostenible de los océanos es parte de la respuesta a la crisis climática. Eso es lo que piensa Maximiliano Bello, quien cuenta con más de dos décadas de experiencia en conservación y protección de océanos.

Experto en políticas oceánicas internacionales, y asesor ejecutivo de Mission Blue, en donde le habla al oído a Sylvia Earle, una de las científicas marinas más importantes del mundo, este chileno ha trabajado con The Pew Charitable Trusts, Patagonia, Oceana, World Wildlife Fund, Island Conservation y Blue Whale Center, entre otras organizaciones.

Durante la COP 26, donde se adoptó el Acuerdo de Paris, fue nombrado “campeón para los océanos”. Además acompañó en las negociaciones a cuatro países de América Latina, que anunciaron desde allí la protección del área marina más grande del hemisferio occidental. Un logro sin antecedentes y que sirve de ejemplo a otros países.  

En el marco del Día de los Océanos de este año, Bello participó en Barbados de una interesante conversación, junto a Hilen Meirovich, directora de cambio climático de BID Invest,  sobre cómo hacer la transición en conservación marina de las prácticas perjudiciales a las más sostenibles sin poner en riesgo el retorno económico.

Por todas estas razones y antecedentes, Bello llegó a la COP 28, en Dubai, para compartir sus conocimientos en el panel “Business Trends in Marine Conservation: Unlocking a Sustainable Blue Economy in Latin America and the Caribbean”, organizado por BID Invest.  

Maximiliano Bello, international expert in ocean policy.

 

¿Cuáles son las oportunidades que hay para invertir en la economía azul y por qué?

Para que haya oportunidades, es importante primero entender la economía azul de una manera distinta. Hoy sí se reconocen las nuevas necesidades del océano y se le da a la preservación, a la protección y a las soluciones basadas en la naturaleza, un lugar clave. El océano también es parte de la crisis climática que ha generado más contaminación y pérdida de biodiversidad. La sobrepesca es reconocida como la principal amenaza. Cualquier modelo de negocios debería tender a la regeneración y recuperación de estos ecosistemas para que sean exitosos y sostenibles. Los recursos pueden ser regenerados en la medida que podamos protegerlos, crear regulaciones y formalizar el sector extractivo, particularmente la pesca. Para mantener la reconocida riqueza de nuestro continente, necesitamos que haya inversiones en estas áreas. El sector privado debe estar activo en las discusiones que han llevado a América Latina a convertirse en líderes en conservación marina, la base para la mitigación del cambio climático.

¿Cómo hacer que una empresa privada invierta en protección y regeneración?

Primero, los negocios deben internalizar los costos de producir en los océanos. Históricamente se ha asumido que el mar va a producir. Aún no hemos invertido para que produzca. Se le pone el valor a un pez cuando ya está muerto. Tenemos que preguntarnos ¿cuál es el valor de producir ese pez? Estamos en un momento histórico en el cual la industria extractivista, pesquera particularmente, tiene que asumir parte de estos costos para que esa misma protección pueda devolver parte de los recursos y mantener el negocio en el largo plazo.  Luego debe haber responsabilidad, y esta se logra a través del trabajo entre el sector privado y el público para generar un marco de responsabilidad que permita responder a los socios; y en últimas, a todos los ciudadanos y a la naturaleza. El sector público debe generar esas bases para entender la necesidad de la sustentabilidad. Es importante que la industria empiece a pensar en disminuir el volumen de extracción actual para darle, por ejemplo, un mayor valor agregado. Las pesqueras más grandes de nuestra región han sido determinadas por el mercado de la harina de pescado. Básicamente funcionan por volúmenes de proteína animal para generar alimento para la agricultura o la piscicultura. Tenemos un montón de stocks a punto de colapsar. Y si seguimos pensando en este método barato, obviamente vamos a seguir colapsándolos. Si hoy le diéramos el valor agregado que debiera tener a su generación, el precio debería cambiar, y el negocio y la forma en que lo estamos haciendo, también.

¿Cómo ponerse de acuerdo para implementar estas soluciones?

Acá quiero referirme a lo que pasó en la COP 26, en Glasgow. El anuncio de Colombia, Costa Rica, Ecuador y Panamá sobre la creación de áreas marinas protegidas en un corredor que ha existido por millones de años, pero que no estaba protegido. Hoy siguen trabajando para concretar en implementar esa protección. Mi trabajo se basa en resaltar, como primer paso, la conservación y la protección, que son el banco de largo plazo para mantener estos recursos, la diversidad y la mitigación de los efectos del cambio climático. América Latina es hoy líder de la conservación marina y la idea es seguir replicando este modelo en otras regiones del mundo. Es la clave para mirar hacia un futuro.

¿Cómo ser exitoso en esto?

Hoy el 97% del océano está abierto para la pesca. Tenemos protegido el 3%. A través de la ONU, los países se comprometieron en diciembre, en Montreal, a que para 2030 deberíamos tener el 30% de los océanos protegidos. También tenemos el acuerdo de la Organización Mundial del Comercio (OMC) para “evitar los subsidios estatales en actividades que afecten los ecosistemas y las poblaciones de peces”. Esto,  más el caso de  los cuatro países que multilateralmente deciden proteger un ecosistema en el sur, está empoderando a nuestros países a invertir en este tipo de modelos, porque le damos valor a nuestra riqueza.  Tenemos todos los ingredientes para movernos hacia adelante. Hoy lo vemos en África.  Vengo de Mozambique, donde estuve con la Unión Mundial para la Conservación de la Naturaleza (UICN), y con el gobierno, y se está generando un plan muy parecido al de América Latina, que se llama Great Blue Wall para la costa este del continente. La idea es firmar un convenio para poder, a través de nuestro expertise, disminuir la vulnerabilidad futura de las comunidades más empobrecidas en este continente, ayudando a la gobernanza, limitando la actividad extractiva ilegal, e incluso revisando los contratos legales con algunas de las entidades de los países desarrollados que no son benéficos para los países en desarrollo. Entonces, los países del sur están tomando más conciencia y pueden generar más riqueza.

Milagros Rivas Siz and Maximiliano Bello at COP28

 

¿Cuál sería el rol de una organización como BID Invest?

Ahora vengo de África, y vi con muy buenos ojos inversiones alrededor del turismo. Un turismo de alto nivel con mucho impacto socioeconómico, que está balanceando el valor de la naturaleza. En América Latina esta actividad es muy importante. El ecoturismo, la transición de hoteles antiguos, que han pasado de turismo de masa a uno más consiente y dedicado a la conservación. Ahí BID Invest tiene un rol fundamental, porque puede generar las bases para estos proyectos. Las inversiones que tengan estándares más altos, que pueda avalar y validar BID Invest serán una tremenda ayuda. Esto nos mueve a todos a la sustentabilidad. Así protegemos a los océanos y nuestra existencia. BID Invest puede y debe hacer acompañamiento prematuro de proyectos, involucrando a empresas y comunidades, de forma que estos impactos sí sean positivos, y de largo plazo, en unión con las necesidades de conservación, que es la infraestructura que necesitamos relevar más que nunca.

Autores

BID Invest

Como el brazo de inversión en el sector privado del Grupo BID, conocemos bien la región. Con hubs en Buenos Aires, Bogotá, Ciudad de Panamá y Puerto E

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